“Adiós”.

Y yo que quería dejarte en mi lista de promesas eternas, plasmarte en la mirada de mi ser y, que rigieras la fuente de los espacios inagotables en mi mente, esos que estaban destinados a pensarte.

Pero no se puede amar a fuerzas, así que, debo conformarme con tenerte sellado como mi más solemne promesa de olvido. Porque, el amor no se debe mendigar, no se debe pisotear. No se debe pedir.

Te prometo que lo haré; arrancaré de raíz la semilla que planté, y que apenas empezaba a florecer.

Más allá de lo vivido, me invito a vivirte solo en el olvido, allá donde no pesan los recuerdos y no arañan los deseos.

Y aunque recordar tus besos me estremecen todavía la piel, te incito a soltarme, te incito a no volver.

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